Aunque no podemos verla, la capa de ozono es una de las barreras naturales más importantes para la vida en la Tierra. Se encuentra principalmente en la estratósfera, a decenas de kilómetros sobre la superficie, y su función principal es absorber gran parte de la radiación ultravioleta más dañina que llega del sol.
En términos simples, funciona como un filtro natural. Sin esa protección, personas, animales, plantas y cultivos estarían mucho más expuestos a la radiación UV-B, relacionada con daños en la piel, los ojos y distintos ecosistemas.

¿Qué es exactamente el ozono?
El ozono es un gas formado por tres átomos de oxígeno. Cuando se concentra en las capas altas de la atmósfera cumple una función protectora y ayuda a bloquear entre el 97% y el 99% de la radiación ultravioleta-B.
El problema comenzó cuando ciertos gases fabricados por el ser humano llegaron hasta esa zona de la atmósfera.

¿Qué son los CFC y por qué fueron un problema?
Los CFC, o clorofluorocarbonos, se utilizaron durante décadas en refrigeradores, sistemas de aire acondicionado, aerosoles y espumas.
Parecían sustancias muy útiles, pero al alcanzar la estratósfera podían liberar cloro y provocar la destrucción del ozono.
En 1974, los científicos Mario Molina y Sherwood Rowland advirtieron sobre este riesgo. Sus investigaciones ayudaron a cambiar la manera en que el mundo entendía estos gases y, años después, impulsaron acuerdos internacionales para reducirlos.

El mundo pudo haber sido mucho más caliente
Uno de los datos más sorprendentes es que proteger la capa de ozono también ayudó a frenar el calentamiento global.
Simulaciones científicas muestran que, si los CFC hubieran seguido aumentando sin control, la radiación ultravioleta habría dañado seriamente árboles, plantas y suelos.
Eso habría reducido su capacidad para absorber carbono y podría haber dejado 580 mil millones de toneladas métricas menos de carbono almacenado en la biósfera.
El resultado habría sido un planeta con más de 2.5 °C adicionales de calentamiento hacia finales de siglo.
México también tuvo un papel importante
México ha eliminado alrededor del 99% de su consumo máximo de sustancias que dañan la capa de ozono.
En 2005 dejó de consumir CFC y cerró una importante planta de producción. En 2014 también eliminó el uso agrícola del bromuro de metilo, otra sustancia dañina para el ozono.
El siguiente objetivo es completar la eliminación de los HCFC hacia 2030.

¿Cuándo se recuperará la capa de ozono?
La recuperación ya está en marcha, aunque será lenta.
Si continúan las políticas actuales, se espera que la capa de ozono vuelva aproximadamente a los niveles de 1980 hacia 2040 en gran parte del planeta, alrededor de 2045 en el Ártico y cerca de 2066 en la Antártida.
¿Qué podemos hacer para ayudar?
Aunque las grandes decisiones dependen de gobiernos e industrias, también hay acciones cotidianas que ayudan a mantener el avance.
Una de las más importantes es dar mantenimiento adecuado a refrigeradores y aires acondicionados, ya que algunos equipos antiguos pueden contener gases refrigerantes que no deberían liberarse directamente a la atmósfera.


Cuando llega el momento de desechar uno de estos aparatos, lo ideal es llevarlo a un centro o servicio especializado que pueda recuperar y manejar correctamente el refrigerante.
También podemos optar por equipos más eficientes y tecnologías con refrigerantes de menor impacto ambiental, además de reducir el consumo innecesario de energía.
Y hay algo menos evidente pero igual de importante: informarnos. La recuperación de la capa de ozono demuestra que las decisiones de consumo, la regulación y los avances tecnológicos pueden trabajar juntos cuando existe conciencia sobre un problema.
La salud del planeta también puede observarse en señales mucho más pequeñas. Las mariposas, por ejemplo, pueden revelar cambios importantes en los ecosistemas. Descubre por qué en Mariposas: el mejor sensor del cambio climático – Parque La Mexicana.
